Por: Itsmania platero

Para evitar las críticas no digas nada, no hagas nada, no seas nada». Aristóteles

Sin duda estamos viviendo la crisis más dura de la historia sometidos a la fuerza a un universo de sufrimientos colectivos, donde se impone la ley del más fuerte, las razones son multifaceticas y fáciles de identificar, la desesperanza se plasma en los rostros y la lucha parece perdida. Estamos atrapados ante un abanico de atropellos, no sabemos que pasará ante el golpe de la desesperación que provoca la humillación masiva.

El robo, la corrupción, la impunidad Estatal, arropados con el no hacer de algunas organizaciones fortalecen las nuevas formas de violencia que operan con la ayuda del sistema legal de los países, el crimen adquiere mayor poder amparado en el desarrollo y obras de beneficencia que se distinguen y confunden a la sociedad, suponen que ayudan a los necesitados, esto los vuelve más legales mimetizando el financiamiento producto de sus malas acciones, atrapando a los que veneran el dinero a través de su principal arma; el Internet.

Honduras es una nación rota por la indiferencia estatal, la injusticia y desigualdad crónica, su población no solo malvive de pan sino de incertidumbre; con índices de impunidad de muertes de mujeres de 92% que solo es superado por el asesinato de niños, abogados y periodistas con un porcentaje de 98%.

El sistema de justicia corrupto mantiene de rodillas a mujeres y niños mendigando el derecho de vivir con dignidad en las fronteras de países hermanos.


Como sino existiera el dolor y el olor de la sangre en suelo catracho, los funcionarios y diputados se recetan jugosos salarios aprobando leyes elitistas que mantienen a Honduras como uno de los países más corruptos sometidos a la peor de las miserias ; la indiferencia, según transparencia internacional.


Mientras a unos pocos no les cuesta vivir, a centenas de compatriotas les cuesta la dignidad y la vida.

Al menos sus clamores van dejando al descubierto la negligencia del estado, coludido con el poder judicial y la burocracia del sistema de justicia hondureña donde se ignoran los delitos de lesa humanidad cometidos contra la salud del pueblo hondureño, evidenciado por los múltiples testimonios que pesan en «la corte de justicia de diferentes países del mundo», donde los niveles de democracia son tan altos que sitúan a las mujeres y los niños como la prioridad del Estado.

Centenas de niños explotados, muchos en mendicidad es cotidiano verlos en las esquinas de cualquier calle. Esta situación de indefensión y vulnerabilidad de derechos ubica a Honduras en el primer lugar donde mueren niños con el porcentaje mayor de América Latina que supera a los países de la región con 29.9% (según informe de Save The Childrens).

La inseguridad, la falta salud, el hambre y la educación son la cara de los altos índices de migración y pobreza que enfrentan las familias, la mayoría mujeres y niños en la escena más humillante de rechazo en la historia de las fronteras.


Reducir la corrupción y la impunidad, mejorar los niveles de vida es lo que corresponde hacer al Estado y a la sociedad civil; asumir su responsabilidad y dejar de malversar fondos que deben ser orientados a mejorar la calidad de vida de los más necesitados.

Aristóteles dijo que “La esperanza es el sueño del hombre despierto». Y yo digo “más temprano que tarde les tocará enfrentar la justicia internacional”

«Lo absurdo nace de esa confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo. Eso es lo que no hay que olvidar. A eso hay que aferrarse, pues toda la consecuencia de una vida puede nacer de ello. Lo irracional, la nostalgia humana y lo absurdo.» Fragmento de SIsifo,
Albert Camus.

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