Por: Itsmania Platero

Tegucigalpa, Honduras

Un(a) proxeneta es un rufián, padrote, caniche, corredor de mercadería que vive de la prostitución, es decir es un traficante que explota y utiliza niños(as) y para sacar provecho de ellos incrementando el comercio sexual. Se presentan ante los niños (as) con máscara de tutor legal, mentor y amigo ideal para los chicos, realizando el comercio interno bajo coacción y engaños por hombres o mujeres.

Desanimado por la falta de interés en la investigación del caso de menores un  oficial de policía  expreso: “los padres mandan a los hijos a prostituirse, en las aldeas por ejemplo tienen hasta de 4 o 10  hijos y lo permiten por dinero, lo hacen por necesidad y por la pobreza, el rico se aprovecha de la pobreza y de la necesidad, igual pasa con una domestica la contratan  y luego la obliga el dueño de la casa a acostarse con él, si ella no accede la amenaza con denunciarla por robo ¿ y dígame usted a quien le van a creer?.

Este tema es el más difícil y el que menos apoyo tiene porque los traficantes por lo general se relacionan con personas de mucho dinero y con influencias y aunque se reciben múltiples denuncias realmente no se da importancia al tema, hay exceso de trabajo, pero no en cuestión de trata sino en delincuencia común. “Detenemos un tratante y no nos dan un incentivo, sino más bien nos castigan”.

Es normal que mujeres sin importar edades se sientan bellas frente a un celular, pero algunas al subir a las redes sociales son presas de las garras de la muerte. “Contestar una llamada es suficiente para no regresar”

 “Marcela”

…” Unos tacones altos, un vestido ajustado y corto, un buen perfume y un celular son suficientes para ganar dinero… Son las 9:00 a.m. y recibo la llamada de mi jefe, el contacto es él, la preferencia son hombres extranjeros, policías de alto rango, políticos reconocidos y viejos con dinero, a ellos les gustan las jovencitas entre 15 y 30 años y no les importa pagar de 500 y hasta 3 mil dólares por una noche.

Los hombres le dicen al jefe: mándame unas tres cipotas (niñas), el jefe cobra con tarjeta de crédito adelantado, porque él se queda con un 75 por ciento de ganancia y a nosotras nos da el 25 por ciento. Todos los y las proxenetas nos venden por las redes sociales, la mayoría de los clientes nos buscan ahí por la privacidad”.

“Ana”

Tengo 17 años ingresé a esto por la estatura mido 1.70 metros.  Porque tengo buen cuerpo, yo buscaba ser modelo y durante un tiempo trabajé en eso, pero luego conocía a Alicia ella me incorporó al grupo, y aunque en Internet está mi cuerpo mi mamá no se da cuenta, yo creo que de ninguna se dan cuenta los padres creen que trabajamos como modelos.

Una sola llamada basta el jefe hace contacto, el cliente ordena dos de 17 y 18 años, él dice las quiero dentro de 20 minutos en un lugar determinado y luego nos llevan a hoteles de lujo en la capital.

“Alicia”

“Yo ingresé cuando tenía 16 años, creí que sería divertido, salía a todos lados, además me daban y me dan muchos regalos buenos, pero después me dijeron que no contara a nadie que si lo hacía me iría mal porque conocen donde vivo y a toda mi familia, vivimos amenazadas, no es un dinero fácil.

A mí me toca trabajar en los lugares nocturnos, la jefa solo dice ahí está un hombre solo, es extranjero y trae mucho dinero, yo me acerco y le digo ¿quiere compañía?, cuando ya llevamos tres cervezas, se le echa una droga en la copa y otros amigos se encargan de bajarle el dinero o llevarle todo lo que puedan. Los hombres no hablan ni denuncian porque les da pena y por lo general no se dan cuenta sus mujeres”.

Las mismas niñas expresan con indiferencia: “Los padres nunca supervisan el Internet, el chat, correos electrónicos, las redes sociales nos facilitan las cosas, con suerte una chavala (muchacha) logra encontrar un extranjero que se la lleve ese es uno de nuestros sueños”.

Las víctimas siguen

Carlota es una mujer de 41 años ella es originaria de Cortés, pero su punto de encuentro lo ha hecho en la zona fronteriza de Nicaragua. Se presenta al lugar donde llegan los furgoneros, una niña de 14 años es su compañía, se la entrega a Luis, un trailero de 50 años, 40 dólares le costará la noche…La niña cuenta que todos tienen el celular de Carlota, ella hace los contactos.

Hace 2 años, Teresa denuncia ante la Fiscalía de Niñez y Juzgados de Honduras que sus 5 hijos varones han sido abusados sexualmente y todos menores de 15 años están siendo utilizados en actividades ilícitas, sus esperanzas de recuperar a sus hijos parecen frustradas, un mensaje enviado desde el Internet a los costosos celulares que cargan los menores basta para que salgan a cualquier hora de sus casas.

Una de las preocupaciones de los miembros de la policía es la imposibilidad de conseguir el apoyo de los padres;” después es duro darles las malas noticias”.

“No contamos con un centro de crisis lo único que hay son algunas Organizaciones no gubernamentales que prestan auxilio, pero estas no son supervisadas, según decreto 59-2012 que es la Ley Contra la Trata de Personas.  Lo único que podemos aconsejar a las personas es no salir de sus casas cuando suene el teléfono, no confiar porque puede ser fatal.”

“Incurre en el delito de trata de personas quien facilite, promueva o ejecute la captación, la retención, el transporte, el traslado, la entrega, la acogida o la recepción de personas, dentro o fuera del territorio nacional, para someterlas a servidumbre, esclavitud o sus prácticas análogas, trabajos o servicios forzosos, mendicidad y embarazo forzado, matrimonio forzado o servil, tráfico ilícito de órganos, fluidos y tejidos humanos, venta de personas y explotación sexual comercial”, dice parte de la nueva legislación publicada en La Gaceta.