Por: Itsmania Platero

“La civilización degrada a muchos para encumbrar a unos pocos.” – AMOS BRONSON ALCOTT

Condenados a la soledad víctimas del abandono y del desprecio centenas de hondureños han quedado excluidos.

Canciones sensibles, aplausos para heroicos funcionarios, lo que en otras culturas más avanzadas se miraba como actos heroicos en Honduras afloraron los antivalores.

El Covid-19 dejó al descubierto la deshumanizacion en que siempre hemos estado viviendo.

La discriminación, exclusión y desprecio no sólo a los negros, también los migrantes, los médicos y enfermeras, policías y militares, familiares de los enfermos de covid-19, personas por su edad sufren un marcado señalamiento. Personas vulnerables con enfermedades especiales fueron relegadas al abandono y al olvido.

La brecha entre los que tienen y los que no tienen se hizo aún mayor.

Los buenos y los malos están bien marcados. Los cristianos siguen teniendo una posición privilegiada y los no cristianos permanecen relegados.

Ser o vivir en zonas vulnerables por la presencia del Covid-19 hizo a las personas víctimas de amenazas y de muerte.

La discriminación por afinidad sexual.

La posición privilegiada quedó muy marcada donde muchos quedaron condenados al abandono y el olvido.

Hasta los dolientes y familiares de los difuntos fueron relegados. Abandonados todos a la suerte. En Honduras no funcionaron los aplausos ni las buenas obras.

No hay campañas que traten de aliviar, de alguna forma, los terribles sufrimientos y la enorme injusticia que estos hechos han significado para una persona.

En los hogares aumento la violencia, empezaron a tomar fuerza los defectos cada vez más notorios, si eres flaca o gorda, fea o bonita, sentimental o no, todo eso comenzó a tomar valor haciendo más grande la brecha entre los seres humanos.

Pobreza, desempleo, analfabetismo, enfermedades, mortalidad infantil, perspectivas de vida y otras calamidades imposibles de enumerar en breves palabras, sorprenden y horrorizan.

Estas son las víctimas actuales de aquella barbarie que duró siglos, y los inconfundibles acreedores a la indemnización por los horrendos crímenes cometidos con sus antecesores y sus pueblos.

¿Todos comprendemos el caos que se avecina?

Desde mi punto de vista, estamos ante una gran crisis sobre todo moral y espiritual donde la consigna es sálvese quien pueda, también hay una crisis económica, social y política de carácter global. Pero podemos hacer conciencia de estas realidades.

Podrán surgir alternativas, la historia ha demostrado que en tiempos de grandes crisis salen grandes soluciones.

Sobre todo el derecho de los hondureños a tener una vida digna y llena de justicia con la esperanza de que inevitablemente se ponga de moda y a alguien le importe. Creo en la verdad, la justicia y en los milagros.

Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos, será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra…” (CONTINÚA) PAPA FRANCISCO

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