Por: Itsmania Platero

“Ninguna familia se enriquece al ganar el salario mínimo. De hecho, el salario mínimo actual ni siquiera saca a una familia de la pobreza”.Jon Corzine.

Es lamentable escuchar a muchos hondureños decir que vivimos “la última reserva de la raza humana”, que todo lo que sucede ya está escrito, antes de pegar el primer grito nos asesinan en la mente de nuestros padres, nuestra vida se convierte en un calvario que con buena suerte no nos maten en el camino.

La palabra morir se volvió un juego en nuestro vocabulario; tan fácil es morir de risa, de miedo, de ganas, de sueño, tristeza, cólera, susto, sed, envidia, etc…, como morir de un disparo, porque no, de múltiples puñaladas y, más cruel aún, de sufrimiento y de hambre que en definitiva terminan enfermándonos hasta el punto de provocar la muerte.

Cualquier mal pensado podría decir que “se conspira para adueñarse de fondos públicos destinados a la salud”. Lo lamentable es que en la actualidad ni los presidios se escapan de esta calamidad; sus huéspedes, por lo general, mueren lentamente víctimas del sedentarismo, ya no son obligados a trabajar como “terapia de rehabilitación social”, para lograr al menos un capital que reconozca su tiempo de trabajo.

Auque el Estado sabe de la obligación de procurar la salud no interviene. Casi todas la “nuevas enfermedades” tienen los mismos síntomas; porque se parecen; cáncer, alta presión, Zica y la microcefalia, los riesgos de parir y nacer, la lucha de la iglesia contra el aborto, los intentos por legalizarlos, etc…

Los síntomas de un simple stress producto de la preocupación y el miedo se confunden con nuevas enfermedades. El tema salud, debería ser la noticia diaria en octubre, el VIH en noviembre, en diciembre las enfermedades respiratorias, entre enero y abril enfermedades sexuales, la campaña del preservativo en verano; mayo el dengue y similares; junio julio suicidios y cárceles.

Por eso, el Estado aunque se de cuenta de la inseguridad del sistema sanitario, no interviene, no investiga, no sanciona, exonera hasta de responsabilidad penal a los hospitales y desatiende e ignora el sufrimiento de los enfermos.

Se entiende que la pobreza es la carencia de recursos necesarios para satisfacer las necesidades y tener buena salud.

Honduras es un país de ingreso medio-bajo que se enfrenta a grandes desafíos cerca del 66 % de la población vive en la pobreza. En el 2016, según datos oficiales, en zonas rurales uno de cada 5 hondureños vivian en extrema pobreza con menos de US$1.90 al día .

La ONU confirmó que Honduras recayó tres puntos en los índices de pobreza en el año 2018.
El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) identificó múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en diferentes espacios.

Según FOSDEH: Estudios señalan que tres millones y medio de hondureños viven en pobreza extrema.

Una de las consecuencias más terribles de la crisis económica es que la pobreza se volvió crónica cabalgando junto al deterioro de la salud, en una franja que ahora toca varios estratos de la población. Aumento el costo de la vivienda, incremento la canasta básica y el número de familias que “sobreviven en calamidad doméstica”.

Este problema es más grave en los menores de edad, ya se trata de una “situación enquistada, como rebela el estudio de Save The Children”. La situación de menores esta afectada en todos los ámbitos, desde la salud, la educación, desarrollo físico, emocional y cultural. El sistema los convirtió en vulnerables víctimas de crímenes, agresiones y abusos sexuales.

Hay una gran falencia en los personajes nombrados por el Estado para investigar hospitales; ministerio público que no pueden detectar esta mortal debilidad.

Sobre estos temas muy pocos se refieren, la empresa privada, los gremios, partidos políticos, los diputados, la sociedad civil, las Iglesias , las fundaciones con fines médicos. Parece que hasta los empleados del área de salud callan. El ministerio del trabajo, los institutos de jubilación, colegios y gremios de profesionales, el colegio médico, las aseguradoras, la banca, todos guardan un silencio que huele a sepulcro.

Hay un conjuro contra la vida de los hondureños , donde la medicina se volvió peor que la enfermedad, un trágico negocio. Todos los meses aparecen nuevas enfermedades, sin que el pueblo tenga acceso a los medicamentos.

Bajo nuestros pies aumentan las cifras oscuras, tan fácil se puede morir de un dolor de muela como nos pueden amputar una pierna. La esperanza de vida poco a poco muere en Honduras .

“vivos y enfermos pagaremos por nuestro sufrimiento cuando Honduras sea condenado por los organismos internacionales defensores de los derechos humanos”. A leguas advierto que Honduras, sus habitantes, fauna y flora también están muriendo con ellas nuestra salud mental muere a escondidas y lentamente también el cuerdo se enloquece.

“El sentimiento de soledad y de sentirse indeseado, es la pobreza más terrible”. Madre Teresa de Calcuta.