Por: Itsmania Platero

Desde el 2008 Honduras ha sido un país marcado por retrocesos en la libertad de prensa, una década tocada por la autocensura, periodistas amenazados de muerte, estigmatizacion, discriminación, restricciones, polarización política que lleva a la división de un gremio capaz de transformar a los pueblos con una cámara, un micrófonos y un lápiz.

“Informe de la Libertad de CONADEH ”, reportó 74 asesinatos de comunicadores en total impunidad. Una centena que sostienen su núcleo familiar viviendo bajo amenazas de muerte y miedo.

Honduras se destaca junto a México y Venezuela como “casos graves”, donde la violencia se marca con los índices más altos de impunidad y corrupción. Los muertos hablan por ellos en casos sin resolver hasta la fecha y agresiones de todo tipo que ahora alcanzan a los familiares de los comunicadores, en pleno atropello contra la libertad de prensa al extremo de llevarlos a la autocensura.

“Los periodistas son objetivo, de dictadores, de guerras, secuestradores, y mafias de todo tipo, que son depredadores contra los que cada vez nos cuesta más luchar”, dijo hace algún tiempo la vicepresidenta de la sección española de RSF, Malén Aznárez, al periódico El Universal.

El desinterés del Estado de Honduras por mejorar las condiciones de vida y laborales de los periodistas y comunicados así como la falta de interés de dar respuesta a sus inquietudes y reclamos, los lleva al límite de la exclusión y el silencio. Donde la única solución para sobrevivir es “no hablar”. Hoy vivimos el retroceso más grande de las Libertades, con ello el deterioro de la dignidad “no de la prensa sino de un pueblo” debido a la violencia, las intimidaciones y los bloqueos que sostienen la polarización política no sólo de los medios de comunicación tradicionales, sino también de redes sociales. Esto afecta a todos por igual.

” Porque los periodistas, quiera o no, son las ventanas del mundo”… Alexandre de Castro.