Por: Itsmania Platero

«Que la lucha por el pobre sea digna y no te olvides que por el lograste tu triunfo»… Itsmania Platero

Según la Fiscalía Especial de Derechos Humanos solo en el 2019 se han registrado 96 denuncias por mala praxis. Estas denuncias son parte de más de 600 que se mantienen en completa impunidad, «cuando alguna ya ha logrado prosperar penalmente el paciente afectado a muerto», quizás uno logre sobrevivir .

Estas denuncias van desde lesiones graves, hasta provocar la muerte. Los familiares afectados protestan porque han pedido a la fiscalia que inicie una investigación de los casos, sin ningún resultado, los investigadores resienten que «estos son delitos difíciles de probar, porque cuando se realiza la pesquisa o el secuestro de expediente, entrevistan a los médicos que se escudan en el juramento hipocratico, entorpeciendo la investigación, estos casos se van viciando hasta contaminar la investigación que incluye llegar al médico forense que termina escondiendo la verdad». La fuente explicó : «ahí también existe es una red que duerme los casos en la impunidad «. Además la mayoría de penas son conmutables.

Al llegar el enfermo a cualquier centro de salud del Estado el panorama es desalentador cual si fuera un “hospital en un país en guerra”, la primera impresión es una arma y un uniforme militar, desde ahí la fe por salir sano y vivo se derrumba, entras al laberinto de xibalba el dios de la muerte donde tras múltiples pruebas de terror y miedo el premio al final será la luz y la vida.

Algunos dicen que los seres humanos estamos condenados para sufrir, ciertos centros de salud son purgatorio donde se purifica el alma, eso lo experimentan las familias de escasos recursos y el enfermo al llegar a un centro hospitalario donde además del calvario de la enfermedad entra a un mundo de sufrimiento. Más grande que la enfermedad, es el miedo de caer en cama y ser llevado a un hospital, algunos prefieren morir en casa.

Pensamos que la prioridad en estos centros es morirse. La necesidad del enfermo se convierte en la condición que favorece al inescrupuloso morguero que al ingresar una persona le ofrece los ataúdes en su cama.

Salir vivo es un desafío, una hazaña es librar la mejor batalla contra la muerte, la aflicción y la tristeza, la desesperación y el miedo que viven los enfermos desde el momento que los llaman “pacientes muertos”, también el que viven sus familiares ante la impotencia de pagar un turno de noche que no baja de 50 dólares.

Estamos en una gran crisis hospitalaria, con hospitales carentes de medicamentos, donde se gráfica en los rostros de algunos médicos y enfermeros la falta de humanidad, con tiempos difíciles para soñar donde el problema no es ser sanado sino salir vivo.

El hospital hondureño se vuelve un “purgatorio” donde se acorta el sufrimiento no porque te sanan sino porque te matan, con recetas imposibles de comprar, exámenes impagables para el pobre y las largas citas de los especialistas que cuando logras ser atendido ya la enfermedad es incurable. Algún personaje aplicará la cantidad menor de antibiótico y robará el resto, otro puede cerrar tu válvula de oxígeno, otro dejará que los gusanos te coman por la deshumanización de algunos doctores y enfermeros, el amor por el dinero contamina y prevalece en aquellos que reciben un salario por cuidar la vida de los enfermos. Los menos favorecidos en los hospitales estatales con suerte son atendidos por jóvenes estudiantes, que los remiten cuando están desahuciados a clínicas privadas, ahí la atención es privilegiada.

Son centenas de casos de mala praxis que duermen en las gavetas del ministerio público, ninguno prospera para asegurar la justicia.

«Ver a una persona perder su dignidad solía ser incómodo, y ahora se espera como parte de un programa con el cual nos sentimos cómodos» . (Lisa Kudrow)